El de Linyola estaba obsesionado con Henry, hasta el punto de que tenía martirizado a su padre, que es técnico del FC Barcelona. "Papá, si vas a ver algún partido del Arsenal tráeme la camiseta de Henry", le insistía constantemente. Pero su padre, el 'Bojan gran', como se le conoce en casa, no pudo cumplir con el cometido que le había encomendado su hijo.
Al ver que papá no conseguía el trofeo, Bojan se buscó otro aliado: Cesc Fàbregas. Ambos se conocían del fútbol base del Barça y Krkic empezó a bombardear al de Arenys con su petición. "Por favor, Cesc, consígueme una camiseta de Henry", era su súplica. Y Cesc, que es mayor que Bojan, se hacía de rogar para enrabiar al de Linyola. "Nada, no hay camiseta. Y si quieres una, te vienes a jugar al Arsenal conmigo", le decía Fàbregas en broma. Pero tampoco le consiguió la camiseta de Henry.
La obsesión de Bojan por Henry se exacerbó con la final de la Champions de París. Aquel día, Krkic vio muy de cerca a 'Tití'. No se lo podía creer. "Papá, mamá, que es Henry. ¡Henry!", se hartó de repetirle a sus padres en Saint Denis. Al final, un año después, Bojan se encontró con su héroe en el vestuario del Camp Nou y nació una gran amistad.
Ayer, Bojan dejó por las nubes a su ídolo: "Henry me aporta confianza, poder jugar con tranquilidad y naturalidad. Fuera del campo me ayuda mucho y cuando ve algo mal me da su opinión. ¿Si conectamos? Los delanteros nos conocemos bien entre nosotros a la hora de hacer los desmarques".
Artículo publicado por: Diario Mundo Deportivo




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